la escuela de barbiana
Irene Sanchis Giner
En
un momento en el que la educación está en crisis, en el que cada vez hay menos
lugar para recursos materiales que nos permitan evolucionar en la tarea docente
de una manera adecuada, es necesario observar, analizar e, incluso, en algunas
ocasiones, imitar modelos cuyo éxito sea un buen referente a seguir.
Es el caso de la
escuela Barbiana, fundada por Don Lorenzo Milani, un
hombre que dedicó toda su vida a educar a los más desfavorecidos.
Se
trata de una escuela con una metodología distinta a las escuelas actuales de
nuestro país pero que, sin embargo, es un modelo pedagógico que cumple muchos
de los objetivos que persigue el sistema educativo de hoy.
Partiendo
de la idea de que todos estaban capacitados para los estudios, este sacerdote
creó una escuela al aire libre, sin pizarras, dinámica, creativa y muy alejada
de la enseñanza tradicional que hoy en día aún sigue vigente. Todo ello, aunque
algunos a priori puedan creer lo contrario, resultó muy positivo para la
formación de aquellos estudiantes de clase baja.
Don
Milani nunca puso un suspenso y confió en la capacidad de sus alumnos,
suponiendo, como se ha dicho antes, que todos eran capaces de aprender,
mediante el esfuerzo y el estudio diario. Esto nos lleva a poner en tela de
juicio algunas de las rotundas afirmaciones que los estudios psicológicos
realizan, recomendando a los alumnos
que estudien un ciclo medio o, incluso, abandonen sus estudios por causas de
incapacidad o desmotivación. ¿Alguien se ha preguntado por qué se desmotivó
aquel estudiante que no pasó de 2º de ESO? Don Milani sí lo sabía, porque
confiaba en sus alumnos ¿Será el fracaso escolar un mal invento?
Por
otro lado, esta escuela también se vio como una salida para los niños de las
familias más desfavorecidas, una buena oportunidad para recibir una
escolarización digna, a pesar de poseer pocos recursos. Sin embargo, quería que
sus alumnos estudiaran todos los días de la semana, pues creía que solo una
escuela de jornada completa podría igualar realmente al pobre y al rico. Algo
parecido ocurre en mi centro de prácticas, cuyos alumnos extranjeros, como no
dominan el idioma, deben recibir clase de español fuera del horario lectivo
común a todos los estudiantes del centro.
Además,
el lenguaje será para esta escuela el instrumento para armar a los pobres con
las armas de la palabra y el pensamiento, alegando que Hay que tener el celo de elevar al pobre a un nivel superior ; no a un
nivel igual al de la clase dirigente, sino superior: más humano, más
espiritual, más cristiano, más todo…
Todo
esto fue obra de un hombre con un espíritu lleno de utopía, cuyas ideas le
habían llevado al destierro por parte de la Iglesia, pero que no cesó en su
compromiso con la justicia y veló por una escuela libre, comprometida e
innovadora, que creó personas autónomas y competentes, salvándose de un tipo de
educación incapaz de enseñar, solo de producir.
Fue
un hombre crítico, de los que la sociedad de hoy día necesita, que nos hace
creer que es posible una escuela atrevida, verdadera, sin fronteras, que
atiende a la diversidad y sabe convivir con ella.
La
muestra de su éxito la encontramos en la obra Carta a una maestra, escrita por ocho de sus agradecidos
discípulos. En ella se describen algunos de los ejemplos de lo que no debe , de
ningún modo, ser lícito en el aula y que pone de manifiesto muchos de los
aspectos pedagógicos que aún hoy nos preocupan.
En
nuestras manos está conseguir, como Don Milani, adaptarnos a los tiempos que
corren y no depender de los recursos materiales que se nos ofrezcan, sino de
nuestro ingenio y de nuestras ganas de ejercer la docencia de una manera
apropiada, sin olvidar nunca el papel social tan importante que nos
corresponder ejercer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario